LOS FELOS

La fiesta ritual del carnaval gallego tiene personalidad propia. En el rural de Ourense tiene peculiaridades muy definidas. El Felo de Maceda se ensambla -aunque con elementos externos diferentes- con la indumentaria convencional de los Peliqueiros Laza y los Cigarróns de Verín. Calcetines de lana blanca, medias negras, hileras de borlas de colores diferentes, colcha con flecos claros alrededor, rabo de zorro en lo alto de la mitra, collares varios y bastón como arma de intimidación, conforman sus peculiaridades iconográficas; más primitivas y masculinizadas en la parte inferior que las del tronco común. Lo canónico aconseja pintar en la mitra animales o aves de presa de la Sierra de San Mamede y no fauna ni motivos ajenos.

Los orígenes de la máscara la remontan algunas fuentes a las fiestas paganas de la Protohistoria: sociedades tribales, tótems, hechizos de fertilidad y de caza, ritos de iniciación. Otras la dejan en los hedonistas de la Roma Imperial. Los medievalistas, en la época de los bufones y de los impuestos feudales alrededor de los castillos. Reminiscencias precristianas; culto al vino y al placer; connotaciones sociales y religiosas de la Edad Media. Entre todas -intuímos- modelaron el fenómeno.

El término Felo tiene difícil interpretación. Es sinónimo de máscara. Semánticamente la palabra germánica (fillon) indica que puede azotar. Felón y felonía se vincula con la rebelión del vasallo de la rebelión contra el señor feudal. Maceda asienta bastión fortificado desde el siglo XII.

Antes de la Segunda República salían los Felos aisladamente al comienzo del año desde los pueblos del valle y la sierra. Luego instauraron el Domingo Fareleiro (ensuciaban con las cáscaras del grano del maíz a los viandantes), el Domingo Corredoiro (teñía a las personas con una bola de óxido de los potes y tinta de un barrizal) y el Sábado, Domingo y Martes de Carnaval. Diecisiete días de transmutación de los valores en la región de Maceda, donde la gastronomía también cuenta: el domingo de Carnaval, cachucha, rabo, uñas, chorizos, grelos, garbanzos, patatas y tintos espesos del país, preferentemente en jarras y tazas de barro de Tioira o Niñodaguia. El Martes, cordero al horno con patatas. de postre orejas o filloas con miel.

Pululan los Felos a pie divirtiéndose de pueblo en pueblo. El sonido provocativo de los cencerros disuadía a los lobos en las peligrosas noches de invierno . Luego invadían un pueblo y no se apartaban de la zona. Bebían huevos con vino para soportar el inmenso desgaste físico . No pedían dinero. Tampoco descubrían la máscara delante de la gente. Perseguían a los que se metían con ellos. Las mujeres se burlaban de ellos. Coqueteaban con ellas con el bastón en un flirteo cómplice generalmente admitido. Lucían traje los solteros. Algunos pasaban más de una semana disfrazados día y noche por los pueblos. Dormían en establos. Sólo demandaban comida y bebida en las casas para continuar la fiesta.

La máscara -de sonrisa con retranca- representa la virilidad más fidedigna. El Felo da miedo. Se le puede insultar. Nunca tocar ni intentar quitarle la máscara. Transgrede las normas. Es la autoridad en estas fechas. Su espíritu anárquico y rebelde está cambiando. Hoy en día conforman grupos. Los niños del pueblo también. Se incorporaron en la década pasada. Algunos se sitúan estratégicamente en las entradas de Maceda. Intimidan a los que entran y salen en los coches para que suelten dinero. Se descubren. Introducen otras costumbres. Nuevos tiempos que -en algunos gestos- chocan con la tradición.

SANTIAGO PROL